Un latido para la eternidad

Publiqué este cuento durante el mes de febrero de 2010, con la intención de trocearlo por capítulos, como si se tratara de una telenovela.

Por tanto, os recomiendo que utilicéis los Enlaces Rápidos arriba en esta página para ir capítulo por capítulo, no sea que leáis antes el final y se pierda la gracia.

Anunciaros que la segunda parte de "Un latido para la eternidad" está entre bastidores, hay un guión pero multitud de detalles por concretar. Si tienes alguna idea que aportar, será bienvenida, la discutiremos y miraremos de ubicarla.

Os confieso que esta primera experiencia de publicar por capítulos ha sido muy interesante, y batimos el récord de visitas el día que se publicó el último capítulo.

Os agradezco a todos los que os habéis detenido en algún momento en este blog, fruto de la curiosidad o con la intención de leerlo todo. Sin llegar a promocionar el blog, ha venido bastante gente. Os animo a que corráis la voz para hacer más popular este blog.

jueves, 25 de febrero de 2010

Un latido para la eternidad - 020

Lajla Abdillah se había dedicado, desde el destierro voluntario, a la construcción de Tizi Lahij sin aspirar a convertirlo en un imperio. Bastante tenían con subsistir y para ello se ayudó de la caravana que encontró en el desierto. Aquel hombre al que le había cortado la mano sobrevivió y aprendió diferentes técnicas para valerse con la otra. Ella aún era joven pero sabía que no le quedaba mucho tiempo. Los dolores en el costado y brazo izquierdo iban a más y se cansaba con el más mínimo esfuerzo, hasta el punto de que en muchas ocasiones debía medir muy bien lo que iba a hacer a continuación para no quedarse sin resuello. Aunque no había engordado, cada vez le costaba más moverse.

Había tenido descendencia, un niño que se llamaba Mustafá pero su padre no mostraba mucha preocupación por él, todo al contrario. Aún así, Lajla debía protegerlo y enseñarle, porque él sería el futuro líder de la tribu y la vida en el desierto no era tarea trivial. Así que lo puso en manos de Karim, el líder espiritual del poblado que, además de ideólogo, era el que velaba por la salud de los habitantes. Junto a Karim diseñaron y ejecutaron planes de viabilidad agrícola y ganadera, se abastecieron de materia prima y crearon diversas rutas comerciales que les proporcionaron abundantes ingresos que repercutieron en el bienestar social de Tizi Lahij. Pero, sin duda, los planes de Karim eran otros. Sabedor del estado de salud de Lajla, sabía que tenía que esperar: el joven Mustafá estaba en sus manos. Sabía que si estrechaba lazos con el Islam su ansia de reconocimiento estaría satisfecha y tendría a su alcance todo aquello que anhelaba de un mundo islamizado, convirtiéndose líder religioso y creando un centro de actividad militar cerca del Mediterráneo. Podría conocer mundo y expandir sus creencias en tierras de infieles.

El niño Mustafá era avispado, como su madre, y había heredado la habilidad por los números de su padre. Pero sólo era un niño y quedaría huérfano de un tutor válido y legal si ella moría. También es cierto que nada le impedía nombrarlo rey de Tizi Lahij pero eso no aseguraba que la línea sucesoria mantuviera sus principios.

Un día, Mustafá le contó a su madre que había estado oyendo una conversación entre su padre y Karim y quería saber qué pasaría con él cuando Lajla no estuviera.

- ¿De qué hablaban? –inquirió Lajla con cierta preocupación
- No lo sé. No les entendía... –replicó Mustafá sin evitar mostrase cariacontecido -. De vacas y de reyes, o algo así. Que un día Tizi Lahij sería muy grande. Que habría un palacio y un sultán. ¿Qué quiere decir todo esto?

Lajla se estremeció y abrazó a su hijo porque comprendía qué significaba todo aquello. En su vida había sorteado diversos avatares gracias a su don para decidir cómo actuar en situaciones límite. Cortarle la mano a aquel mercader fue su primera gran decisión y como aquélla hubo unas cuantas más, todas ellas fijadas a un denominador común: de entre las opciones, la primera que viene a la cabeza es la buena. Y si se decide en un segundo, mejor. Aquel segundo de incertidumbre le salvó la vida al mercader del desierto. Un segundo para la eternidad. Pero también era cierto que su estado de salud había empeorado y cuando uno envejece o enferma, es más difícil tomar decisiones difíciles y además, rápidamente. Cuando uno se hace mayor, intenta que toda la experiencia acumulada le ayude a tomar la decisión correcta, pero se pierde en rapidez y quizá, con el tiempo perdido, la experiencia ya no sirva para nada una vez te has decidido.

Las dudas inundaron a Lajla que sopesó las alternativas al problema que se le planteaba. Karim y el padre de Mustafá tramaban expandir Tizi Lahij como si fuera un gran imperio y la ayuda la pensaban obtener de algún pueblo musulmán. Si eso se llevaba a cabo, la tan ansiada independencia que el padre de Lajla les había inculcado a todos sus hijos se perdería en el olvido de la brisa del desierto. Ella escapó de la matanza de su familia cuando era una adolescente, pero Mustafá era un niño pequeño y no podía obligarlo a escapar. Matar era una opción, pero tenía delante a dos hombres muy habilidosos con la cimitarra. En su estado de salud sería muy difícil batir a los dos, aunque les sorprendiera por la espalda. Otra cuestión era encontrar aliados, pero sabemos muy bien que los hombres del desierto se venden por muy poco y no tenía en quien confiar. Había puesto todo el empeño en su brazo derecho, Karim, porque lo necesitaba para hacer crecer la tribu y, a pesar de que le había fallado, no tenía a nadie más. Y, además, debía sopesar que la conspiración no hubiese llegado demasiado lejos y la quisieran eliminar a ella.

Podía intentar utilizar la Guardia Azul, que así se llamaba el puñado de hombres que se encargaban de la vigilancia del pueblo y de las cuestiones militares. Pero era eso, un puñado de hombres que nunca habían entrado en combate y que podían estar corrompidos por el pérfido Karim.

Lajla había perdido valor y fuerza, se sentía vieja y con pocas opciones, y la angustia le iba cercenando cada día hasta el punto de que estaba viviendo una tortura sin saber qué decidir.

Pasaron los días junto a la fuente de la mezquita, donde durante largas horas deshojaba la margarita, y largas noches de insomnio padeciendo por el futuro del Tizi Lahij y de Mustafá. Se preguntaba a cada minuto si la dolencia que tenía sería hereditaria y si Mustafá también sufriría del corazón. Se cuestionaba si debía coger un caballo y huir con él, en busca de una nueva tierra prometida, pero se le antojaba imposible. Si ella no aguantaba, morirían los dos en pleno desierto.

Una noche decidió por fin qué haría. Había sido valiente durante toda su vida y había tomado siempre decisiones presurosas pero certeras. Acabaría con los dos, con Karim y el padre de Mustafá y el hecho, por sí solo, le valdría el respeto de todo el poblado hasta el fin de sus días. Era una acción decidida, contundente y plena de riesgos. No podía fallar. Lo planeó según le vino, y decidió que la primera forma de acabar con ellos que se le había ocurrido, sería la primera. Al despertar, guardaría la cimitarra bajo los cojines y los haría llamar. Liquidar a Karim era prioritario, era el más peligroso. Con Karim fuera de circulación, el padre de Mustafá se acobardaría e imploraría clemencia: sería una presa fácil. Tendría pocas oportunidades, y no podía permitirse ningún fallo.

Pero como sucede en la mayoría de estas situaciones, cuando uno le da tantas vueltas a la cabeza y tarda en decidir qué caballo domar, el caballo, al final, ha huido. Y a la mañana siguiente, despertó con Karim y el padre de Mustafá rodeando el jergón donde dormía. El primer pensamiento que le vino fue el de la cimitarra, que estaba fuera de su alcance. El segundo, fue la duda: no sabía de las intenciones de aquellos dos personajes, pero no se intuían buenas.

- ¿Por qué me molestáis ahora? –preguntó Lajla.
- No pretendemos molestar, mi señora –contestó Karim mientras el padre de Mustafá emitía una sonrisilla histérica -. Sólo queremos asegurarnos de que estás bien.

En el exterior se oía el sonido de los cascos de caballos entrando en la aldea. ¿Invasión? ¿Se habían aliado finalmente con cualquier otro pueblo para obtener los fines que habían planeado? No había tiempo que perder, pero tampoco podía moverse. Cualquier intento de pasar a la acción sin un arma en las manos era poco menos que suicida.

- ¿Dónde está Mustafá? Quiero que me lo traigáis ahora mismo –ordenó elevando la voz por encima del murmullo de los caballos.
- No tenéis de qué preocuparos. Mustafá estará bien atendido.

El padre de Mustafá extrajo de su fajín una daga cuyo filo brilló con la luz que entraba del exterior. Se acercaba el final y aquel sádico no dudaría en usar su arma contra ella. Estaba perdida y Karim observaba al otro hombre impacientemente para que actuara.

Pero las lecciones que se puedan dar en la vida que, a menudo, nos parecen olvidadas, no caen en saco roto, y un hombre apareció a la espalda de Karim y el padre de Mustafá blandiendo la cimitarra de Lajla con una sola mano. Con el codo del brazo libre golpeó a Karim que fue a parar contra una de las paredes cayendo doblado y aguantándose el abdomen por el intenso dolor. Con dos hábiles movimientos de espada, atravesó al padre de Mustafá que cayó de espaldas manteniendo la daga en su mano. Estaba muerto antes de yacer en el suelo. De un salto se plantó ante Karim, de espaldas a Lajla y preguntó:

- Podéis decidir o puedo decidir yo por vos, mi señora.
- Por favor, no lo mates –suplicó Lajla, jadeando -. Quedará desterrado a dos días de aquí con agua y comida.

Aquel hombre pensó durante un segundo, el famoso segundo de la decisión y levando la cimitarra, con un brazo, por encima de su cabeza.

- Pues si va a ir con agua y comida, no necesitará los dos pies –y descargó el sable a la altura del tobillo izquierdo de Karim, el cual exclamó un terrible grito de dolor que debió oírse en toda la aldea.

El hombre se volvió hacia Lajla mientras Karim seguía gorgoteando.

- Yo estaré a vuestro lado y os ayudaré con el pequeño Mustafá, hasta que sea el líder de nuestro pueblo, y velaré por él como si fuera hijo mío – dijo, sosteniendo la espada con una mano y mostrando un muñón en la otra.


*- * - * - *

6 comentarios:

  1. Queridos lectores y lectoras: mañana se publicará el último capítulo de "Un latido para la eternidad" y el Epílogo. Fijaos bien de no leer primero el Epílogo, por si acaso.
    No os lo perdáis y, si queréis, podemos abrir una tertulia literaria.
    Aceptaré sumiso la crítica general y la especializada.

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  2. Apreciado escritor,
    En nombre del circulo de lectores, esperamos con impaciencia el desenlace final de esta opera prima que esperamos sea el inicio de una prolífera actividad literaria.

    Karlos Arguiñano

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  3. Bueeeeeenooooo.... esto ya se acaba. Me ha desconcertado este capítulo. Esperaba el desenlace de una posible decapitación y me encuentro con intrigas políticas y sucesorias (y quizá con una enfermedad hereditaria?). Esta bien que mañana viernes sepamos como acaba: con un latido para la eternidad? Así pasaré traquila el finde.... Ah! Saludos a Arguiñano, ha conseguido hacerme reir en cada capítulo.....

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  4. En respuesta a Maite, una de las seguidoras, bueno, "la seguidora", deciros que no hay nada de desconcertante. Esto se acaba y quedaban algunas cosas por desvelar y el momento oportuno de hacerlo era éste. No querréis que os explique lo de Lajla en otro blog, no? Sería infumable.
    Por otro lado, poniéndome en el lado del querido lector, yo me posiciono por una enfermedad hereditaria, pero no existen datos genéticos que confirmen dicha afirmación.
    Y a mi querido Arguiñano, le animo que mañana lea el último capítulo y el epílogo, para librarse ya de esto y empezar con buen pie el semestre (es decir, no te dejes para estudiar todo para el último día).

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  5. AVISO:
    El próximo sábado publicaré una entrada para poder hacer comentarios tipo "Tertulia literaria" o "Desayunos con..."
    Rayos, ¿con quién eran los desayunos?
    Bueno, pues eso.

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  6. ESTADÍSTICAS:
    Según los datos del contador que gentilmente nos ha cedido Geovisite, el martes superamos los récords de audiencia (capítulo 018), con 11 visitantes diferentes y la lectura de 80 páginas. Y eso que jugaba el Barça en Stutgart.
    Por tanto, no habéis hecho vuestros deberes de promocionar este blog.
    ¿A ver si mañana no publico? ;-(
    Bueno, confío que mañana batamos juntos este récord y a ver si así podemos salir en el Google por algún concepto relacionado con este blog, porque ahora no aparecemos ni en las 20 primeras páginas buscando por "Un latido para la eternidad", sin comillas (con comillas sí que salimos).

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