Un latido para la eternidad
Toni Suñé era un joven médico de carácter enérgico cuando lo conocí. Aunque su energía fue menguando con los años, creo que es justo reconocer que su entusiasmo se me contagió durante el largo tiempo que compartimos y a través de las aventuras que vivimos juntos.
Él era catalán. El "catalán", lo llamábamos. Pero no había ningún tono peyorativo en ello; los andaluces tenemos una excelente relación con los catalanes. Toni era de Barcelona, y llegó a ser un cirujano cardiovascular muy bueno, excelente, diría. Y muy joven. Cuando sucedió aquel incidente trágico en un quirófano.
Como dije antes, yo soy de Granada, piloto pequeños aviones comerciales desde muy joven también, y no sé nada de medicina. O mejor dicho, no sabía nada, hasta que nuestros caminos se cruzaron.
Toni acababa de regresar de Barcelona de pasar el verano con su gente. Estaba en un local de paso a las afueras camino de Motril y cerca de la autovía y no podía evitar observar al detalle aquel 4x4 recién adquirido, de color rojo chillón, inmaculado, impoluto y brillante. En un día se había hecho con dos juguetes nuevos; el primero estaba aparcado delante de aquel bar de carretera e irradiaba estatus.
El segundo estaba guardado en el maletero. Aquel pequeño maletín con cierre de seguridad, regulador de temperatura hasta -18º centígrados y multitud de lucecitas rojas y de neón. Una pequeña pantalla de cristal líquido en la parte superior, justo a la derecha del asa de transporte, indicaba el tiempo restante. El tamaño era exagerado para lo que había de transportar dentro de sí, pero protecciones, aislantes y reguladores térmicos también necesitaban su espacio. Al final, el tamaño real del habitáculo interior, quitando los cables, tubos y engranajes que allí había era el de un corazón humano adulto.
Toni inclinó la cabeza queriendo descubrir destellos secretos en su nuevo vehículo, pero era difícil, porque amenazaba tormenta y todo atisbo de luz solar permanecía oculto tras unos oscuros nubarrones que se acercaban rápidamente. El viento los traía consigo. Y el presagio también. La duda estaba en si la tormenta le caería encima –y de su vehículo- o si pasaría de largo. Ensimismado en las formas que adoptaban las negras protuberancias de las nubes, el móvil lo sacó de su ensueño. Sonó dos veces porque el tono ya indicaba que la llamada era del hospital.
- ¿Dr. Suñé? Tenemos un 225 en el Virgen de las Nieves. Tiene veinticinco minutos para su recogida- indicó la fría voz femenina desconocida. Aunque era desconocida y siempre se trataba de lo mismo, no dejaba de ser una voz fría e insensible.
- ¿A dónde hay que ir?- inquirió Toni.
- A Barcelona, al Hospital Clínico. Le espera una avioneta en el aeropuerto García Lorca para el viaje y en Barcelona ya está todo arreglado para su traslado al hospital. No olvide traer consigo el HB-15 que tiene asignado. Los nuestros están ahora ocupados.
- Lo llevo encima. En diez minutos estoy allí.
- ¿Doctor? Tiene veinticinco minutos. Por favor, lo que nos interesa es que usted llegue.
El primer trueno resonó encima de su cabeza. "Nos vamos a divertir con el viejo Orozco", pensó de inmediato. Abrió rápidamente el portón del maletero de su resplandeciente 4x4 para verificar que el maletín con el HB-15 estaba en su sitio. "Bien, pues nos vamos", se dijo, sin caer en la cuenta que no había pagado su consumición en el bar.
El todo terreno rugió mientras los primeros goterones de tormenta incidían sobre el parabrisas a la vez que un fuerte viento hacía su aparición. Tenía que llegar en diez minutos, sin atender a nada ni a nadie. Esa era la filosofía de la vida de mi amigo Toni. El por qué y para quién, era lo de menos; él tenía un trabajo, y cada encargo era asumido como una misión. En cierto modo era así: la carrera de un médico está concebida para salvar vidas, y cada vida devuelta es una misión completada. Lástima que unos años atrás, en una de sus misiones, el paciente se le quedó en el quirófano. En sí, el hecho aislado, se da en muchas ocasiones, cuando un paciente no supera determinados trances operatorios. Repetidamente se resuelve que las condiciones en las que el paciente había ingresado eran deplorables. Pero Toni no es de esas personas y entró en un profundo pozo de confusión profesional, aparcando definitivamente su carrera. Aducía una y otra vez, que no podía seguir trabajando en trasplantes de corazón porque él no era Dios, él no podía dar la vida a quien no la tiene aunque sí que podía quitársela a quien la disfrutaba, que era el caso de lo que había sucedido en su último trasplante. Según él, había hecho perder su última oportunidad a aquel joven adolescente. La vida era para Toni, en definitiva, ganar o perder, el todo o la nada. Y él había perdido en esa ocasión.
Varios meses después, alguien contactó con él cuando se encontraba en una situación de deterioro personal y lo rescató para seguir llevando a cabo misiones.
- Aún puedes colaborar en trasplantes, si quieres. Necesitamos un especialista- le habían dicho. Y él aceptó.
Fue gracias a esto que le conocí. En el traslado de un órgano humano se requería el desplazamiento de un médico. Aquí entraba en juego el HB-15, el HeartBit-15, un moderno dispositivo que, con las conexiones adecuadas, podría mantener un corazón humano con vida durante 96 horas. Una serie de cables iban descargando periódicamente pequeños aguijonazos eléctricos para que el corazón allí alojado mantuviese los latidos. Para mantener en óptimas condiciones las aurículas y los ventrículos, un sistema de intubaciones hacían circular un compuesto químico similar a la sangre humana, que se almacenaba en unos pequeños depósitos donde se le eliminaban impurezas. Todo este complejo entramado era soportado por un potente sistema de minúsculas baterías que alimentaban la mecánica para que el circuito no se detuviera. La vida de dichas baterías era de 96 horas desde el alojamiento del corazón en su compartimiento; después de ese tiempo, ya no habría vida para el corazón. Aunque eso nunca ocurría normalmente. Siempre había tiempo suficiente para un traslado. El HB-15 aportaba más: podía mantener un corazón en un estado excelente, mucho mejor que con el transporte tradicional. Eso sí, la manipulación del corazón sólo podía llevarse a cabo por personal médico especializado. Y ahí era donde empezaba el trabajo de Toni, donde se iniciaba la misión.
Toni solía ocuparse de alojar el corazón en el HB-15 y acompañarlo hasta el punto de traslado, que podía ser un centro hospitalario o un medio de transporte, como una ambulancia o una avioneta. Él no tenía que montarse en el vehículo, pero a menudo lo hacía; aunque no infringía ninguna norma, Toni se sentía más seguro si viajaba con el corazón a trasplantar. Normalmente le servía para olvidar el trance de los familiares del donante en estado de shock, porque un donante solía hacer su aportación después de un accidente de tráfico, o similar. Toni no podía soportar dichas escenas después del trágico suceso del quirófano que le obligó a abandonar su carrera profesional.
Y así fue como nos conocimos. Me contratan todo tipo de transporte aéreo y, de vez en cuando, debo llevar órganos de una ciudad a otra. Nunca sabes quién da ni quién recibe, sólo la localidad de origen y la de destino. Y Toni me acompañó en todos y cada uno de los transportes. Es cierto que no llegamos a ser, lo que se dice, amigos inseparables. Pero poco a poco fuimos superando misiones juntos y eso hizo que cada vez nos entendiéramos mejor. Eso sí, para entenderse con Toni hay que ser de una determinada manera: él tenía un carácter agrio, daba respuestas rápidas y cortantes y, habitualmente, monosilábicas. Diríase que cuando hablabas con él, parecía tener la cabeza en otro lugar, pero sabía lo que le decías, sin duda.
Así fue como nos conocimos y aquí fue donde comenzó nuestra aventura, para mí, la más inimaginable que me podía suceder.
Interesante inicio.
ResponderEliminarMr.M
magazine Chikenlector
NY
Bien, hermano, bien... Un buen comienzo. Desde cuándo sabes tu tanto de maletines portacorazones? Eres un saco de sorpresas...... Por cierto: ves bien los comentarios? Yo los veo superpuestos al texto....
ResponderEliminarUn beso!
Veo bien los comentarios en diferentes PCs. Deberías verificar que no haya algún complemento de Internet Explorer que haga esto, como por ejemplo, alguno para visualizar e imprimir (HP, Canon u otro).
ResponderEliminarHola Nacho, no me conoces, pero lo que he leido hace unos minutos, me ha sorprendido gratamente.
ResponderEliminarNo se si escribes desde hace tiempo, pero me parece una lectura facil, rápida e interesante.
Continuaré más adelante con tus capitulos, espero no perder el interés, pero eso, solo depende de ti.
Animo, a mi, me ha gustado.