La curiosidad mató al gato
Sin duda alguna, la curiosidad es uno de los conceptos abstractos más difícil de explicar y el hombre ha sucumbido a ella durante milenios. Y no sólo el hombre, también los animales son cazados ante las trampas urdidas por otros depredadores. Y en los accidentes, siempre podemos encontrar un eslabón donde la curiosidad nos ha convertido en más audaces e intrépidos.
A Sandra, aquella pistola de su padre le había causado gran impacto, porque después de haber visto innumerables modelos en las películas de la tele, nunca podría imaginarse que en casa había una y, no una pistola cualquiera, no, una grande, deslumbrante y lustrada. "Mi papá la tiene más grande". Eso era lo que le diría a Xavier Bellver en el colegio, el día menos pensado. "Para que aprenda". Tenía tantas ganas de decírselo que temió no ser creída. No sólo tendría que contárselo sino que lo mejor sería enseñársela. Sería difícil, sin duda, pero no imposible, porque sabía dónde la guardaba papá.
Así que aquella tarde, al llegar a casa, le preguntó a mamá dónde estaba papá.
- Ay, cariño, me temo que papá estará fuera durante unos días.
Aquello despertó una excitación inusitada en la niña, ya que sus planes podrían hacerse realidad. Necesitaba tocar aquella pistola y comprobar si podía disparar, como en las películas. Y necesitaba mostrársela a Xavier Bellver porque se moriría de envidia. Ya nada sería igual después de aquello y Bellver quedaría a sus pies para el resto de su vida. Así que empezó a urdir su plan.
Cuando se fue a dormir, procuró dejar la puerta del estudio de papá entreabierta, para evitar los chirridos de la misma al abrir o cerrar. Previamente revisó la situación de las cosas que había en aquella habitación, para evitar un traspié que despertara a mamá. El problema residía en que para ir de su habitación al estudio, antes debía pasar por delante del lavabo y de la habitación de mamá, donde un maldito tablón del parqué crujía cada vez que alguien lo pisaba. Dando los pasos adecuados se plantaría en el estudio sin dificultad.
Mamá le explicó un cuento, como cada noche, al acostarse. Sandra sabía que debería hacer un gran esfuerzo para no dormirse, porque si lo hacía, sabía que no despertaría hasta el día siguiente, y la pistola debía obrar en su poder para entonces. Se trataba de mantenerse con los ojos abiertos, como platos, fuera como fuese. Para una niña de seis años, inteligente como Sandra, no había problema para planificar el siguiente paso; pero para cualquier niño de su edad, ir más allá en la previsión de sus actos resultaba difícil. Por de pronto, debía permanecer despierta hasta que mamá estuviera en la cama y dormida. Pero, ¿cómo sabría que mamá estaría durmiendo cuando se levantara? La verdad era única: si mamá la descubría levantada no la castigaría en el cuarto oscuro, de eso estaba convencida.
Así que se decidió estar atenta a las campanadas de la iglesia de Sant Gerard de manera que, cada vez que sonaran, se convencería de que debía hacer un esfuerzo por no dormirse hasta que volvieran a sonar. La espera fue dura y estuvo a punto de ser vencida por el sueño pero un resorte la mantenía despierta de nuevo de un brinco. Pasó el rato evitando contar ovejas, no fuera que su durmiera y se centró en pensamientos más tonificantes, como la cara que iba a poner Xavier Bellver cuando supiera que había cogido la pistola de papá.
Cuando creyó que el momento había llegado, retiró el pesado edredón y se puso en marcha. Se acercó a la puerta de su habitación y asomó la cabecita para otear el horizonte. No se oía nada pero sí que podía ver porque la vista ya se le había adaptado a la oscuridad. No iba sola; se había preocupado de hacer partícipe de la aventura a su osito de peluche, que lo llevaba pegado al cuerpo con fuerza apretado con su antebrazo: las manos debían quedar libres.
El plan se torció bien pronto cuando oyó el ruido de las llaves de papá hurgando en la puerta principal. El tintineo no dejaba lugar a dudas. Era papá. "Pero si mamá me dijo…" y no acabó el pensamiento. Se hallaba delante del lavabo de la planta de arriba y debía decidir rápidamente, porque si la pescaba papá allí levantada, lo más probable era que acabara de nuevo en el sótano, y más enfadado, si cabía, que la vez anterior. Volverse a la cama era otra opción pero la ansiedad se apoderaba de ella y no podría pasar otro día sin entrar en contacto con aquel artefacto que tanto le atraía. Se metió en el lavabo esperando que papá no pasara por allí y entornó la puerta para que no se le viera. Escuchó los pasos de papá subiendo por la escalera cuando cayó en la cuenta que la opción lavabo había sido un error y de los gordos. Papá pasaría por el lavabo antes de ir a dormir, como hacía ella cada noche. Extendió la mano para abrir la puerta y salir de allí pitando pero una sombra llegaba al final de la escalera: el camino estaba varado y papá la vería si salía de allí. La única opción que le quedaba era que papá pasase antes por la habitación para cambiarse y ponerse el pijama. En ese lapso de tiempo podría salir de puntillas y volver a la habitación.
El tablón crujió y el mundo se detuvo a su alrededor. Iba a ser pescada y le tocaría dormir con el habitante del sótano.
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Marqués abrió la luz del lavabo con un mundo de preocupaciones encima. Había dedicado ya mucho tiempo a planificar su trabajo pero, como ocurría de vez en cuando, debía replanificar, cosa que le desagradaba. Por un lado, la estrategia la debía cambiar y volver a estudiar los pasos para llegar al objetivo que tenía marcado; por otro, eso significaba que el primer plan no era bueno y reconocer que "sus planes" no eran buenos era algo que no estaba dispuesto a aceptar así como así.
Ya en los Balcanes había cometido errores imperdonables, cosa que sólo con el tiempo había llegado a reconocer, pero no públicamente, sino a sí mismo. La confianza hacia sus colaboradores debía haber pasado un examen más pormenorizado porque, al final, lo más difícil de controlar siempre eran las personas, con sus motivaciones, sus envidias, sus ambiciones…
Marqués sabía que llegar a K no sería tarea fácil y que se toparía con un séquito de guardaespaldas y matones dispuestos a barrarle el paso hasta su capo. Pero ésas eran las preocupaciones típicas de un caso como aquél. La casualidad le había llevado a encontrarse con una vieja amiga de su paso por la Guerra de los Balcanes. No recordaba su nombre pero había sido jefa de la policía serbia cuando lo de Srebrenica. Seguro que ella no guardaba buen recuerdo de él por los hechos acaecidos allá. "Peor para ella. No sé cómo ha venido a parar aquí pero la tendremos en cuenta". El hecho de que hubieran aparecido el dichoso policía y el cura del pueblo que, presumiblemente, sería su hermano, le conminaba a apreciar más de cerca el escenario porque las ramificaciones se ampliaban. Y por ello debía a volver a planificar los pasos para llegar a su meta: K.
Esto realmente promete. ¿Y dices que es un trailer? ¿Es el inicio de la historia? Pero bueno... Me has dejado intrigada.
ResponderEliminarHola hermano! Pues si que promete, si.... Cuánto habrá que esperar para la siguiente entrega? Por cierto, no se lee bien el comentario anterior, queda superpuesto al texto. Intentare volver más tarde para ver si es un problema pasajero de mi ordenador.
ResponderEliminarBesos!
Maite
Buenas, has plantado ya un àrbol? si es así ya puedes morir completamente realizado, habrás completado la trilogia del hombre completo del renacimiento: hijos, àrbol y libro. Y nos has jodido porque ahora dependemos de tus entregas, o sea que ya nos puedes ir enviando material rapidito...que rule
ResponderEliminarSalu2
Cristino